C[(c)u(ento)(cu)e(nto)(cue)n(to)(cuen)…etc

Marzo 23, 2007

Hoy escribí un cuento. Uno cualquiera, común y corriente. Tiene título, un personaje, y una historia. Lo curioso es que este cuento trata, por decirlo de alguna forma, sobre otro cuento. A decir verdad, este otro cuento tambien es bastante corriente. Posee al igual que mi historia, un título, un solo personaje, incluso podría decirse que son bastante parecidos, porque este otro cuento tambien trata sobre un cuento…

Mi cuento comienza de una manera media extravagante, un poco absurda si se quiere. El tipo, el protagonista del cuento, comienza contándonos que ha escrito un cuento. Nos señala que ese cuento, que escapa de lo común, trata sobre otro cuento de similares características del que él ha escrito. Pero dejémoslo hasta ahí. Una vez tratada la tématica de su cuento el protagonista, y esto sucede de sopetón al comienzo del segundo párrafo, profundiza un poco mas en lo que ha escrito diciendonos sin vergüenza alguna que su cuento es un poco raro, o mas bien, que comienza de un manera media extravagante. Incluso llega a considerar su propio cuento un poco absurdo. Luego, nos relata que el protagonista de su cuento, quien también ha escrito su propio cuento, confiesa que se ha atrevido a escribir una historia, una historia nada común…

Alrededor de la mitad del segundo párrafo ya se puede intuir la mística de la historia. El protagonista decide por algún extraño impulso simplista resumir el relato. Nos revela que su protagonista, en un arranque de locura total, pierde toda vergüenza e inventa una historia absurda -lo sabe- sobre un cuento, que trata sobre un cuento, que trata sobre un cuento…

Si no me equivoco, el tercer párrafo es el decisivo. A modo de revelación, el protagonista se haya a sí mismo encerrado en un laberinto mental, en una especie de realidad fractalizada. Tira de hilos, pero la madeja nunca termina. Se nota la desesperación, y ya, en el cuarto párrafo -a esta altura las ideas se acortan- trata en vano de alienarse de su creación, de aquél mounstro informe que lo consume, que lo confunde, que lo persigue. Tira de hilos, desespera, se aliena, nombra al mounstro, lo ve, enumera, separa por comas, cuenta, no puede escapar. Con absoluto pavor, yo, el protagonista, leo las últimas palabras que me persiguen, que me… dios! que no llega el fin, que no llega… no hay salida, no hay sali…

El protagonista escribe ahora sus últimas lineas. La solución: exterminarse, sin dolor, sin memoria. escribiendo… fin.


Forbidden

Marzo 22, 2007

Hay ciertas conversaciones que están prohibidas, ciertos relatos que no pueden ser contados. Hasta en la vida, en el día a día suceden cosas que tachamos y tratamos de omitir. Pero cuando la cosa es hacia adelante, cuando el relato es la creación y decir es hacer, una especie de verbo divino. Yo creo, yo quiero, yo deseo, es, será. Que terrible. No se puede traicionar, intentar callar, al que sabe más, al que se salta las barras y pasa por ensima de una como si nada, como si fuera polvo.

Vos sabés de lo que hablo? De lo que no hablo? Podés no tener idea de mi nombre, mi rostro, mis gustos. Pero si conocés tan solo un trozo de lo que callo, de mis silencios, mi muerte es tuya.


Joder

Marzo 20, 2007

Hace un calor de la puta madre.